18 noviembre 2019

Elf on the Shelf: una nueva tradición navideña




¿Un post de Navidad en noviembre? A lo mejor te parece muy pronto pero los de El Corte Inglés ya han puesto las luces, he visto el anuncio de la lotería varias veces y los supermercados llevan semanas vendiendo polvorones. Sólo me falta oír Last Christmas. Vamos, que si me despisto se me hace incluso tarde.

Ahora en serio: te prometo que no soy de esas ansiosas que empiezan a pensar en la Navidad en cuanto hacen el cambio de armario (mi cumpleaños es a finales de noviembre y, por mucho que me gusten las fiestas navideñas, me niego a empezar a celebrarlas antes de haber soplado las velas) así que si vengo con este post cuando aún falta más de un mes por algo será.

Y es que quiero hablarte de Elf on the Shelf, una tradición que nosotros incorporamos el año pasado y nos encantó para que, si a ti también te gusta, te dé tiempo a ponerla en marcha este mismo año.

Como casi todo en estas fechas está pensada para los niños que todavía creen en la magia y básicamente consiste en un duende enviado por Papá Noel que llega a casa en los días previos a la Navidad para estar con los niños y contarle a Santa Claus de primera mano cómo se están portando. La gracia es que el duende es bastante travieso y cada día tiene una ocurrencia diferente, con lo que los niños se lo pasan bomba buscándolo cada mañana y descubriendo qué travesura ha hecho ese día.





Es una tradición muy reciente (tiene solo 15 años) y empezó en Estados Unidos cuando una mujer llamada Chanda Bell decidió escribir una historia basada en una costumbre navideña con la que habían crecido en su casa.

Cuando ella era pequeña en su familia tenían un duende decorativo que cada día aparecía en un sitio diferente. Se suponía que el duende lo había enviado Papá Noel y que por la noche volvía al Polo Norte para contarle cómo se estaban portando y, si querían, los niños podían aprovechar para mandarle algún mensaje. A la mañana siguiente volvía y aparecía en otro lugar de la casa y había que encontrarlo. Y así durante todas las Navidades hasta que la noche del 24 volvía definitivamente al Polo Norte hasta el año siguiente.




El libro contaba esta historia a modo de cuento y además venía con un muñeco para que quien quisiera pudiera iniciar su propia tradición familiar.

Como decía al principio la cosa ha ido evolucionando y el duende no sólo aparece en algún lugar insospechado sino que además lo normal es que haya hecho alguna trastada, con lo que los niños se parten de risa cuando lo encuentran.

Yo no tengo el libro, compré directamente el muñeco y me puse manos a la obra. En concreto el que compré fue este, pero hay varios modelos similares. Mide unos 30 centímetros y tiene las piernas y los brazos flexibles y velcro en las manos para que sea fácil colocarlo en diferentes posturas.




Una de las cosas que más me gusta de esta tradición es que realmente se puede adaptar a lo que te apetezca hacer. Por ejemplo, no hay un día concreto de llegada y puede aparecer de cualquier manera.

Nosotros lo hicimos coincidir con el montaje del árbol de Navidad y este año seguramente hagamos lo mismo. Pusimos el árbol y al día siguiente nos fuimos a comer fuera de Madrid. Cuando volvimos había un "regalo" debajo debajo del árbol que resultó ser un paquete enviado desde el Polo Norte dentro del cual estaba el duende con una carta en la que se presentaba y les decía a qué había venido.

No te voy a engañar: a los niños de primeras no les hizo ninguna gracia. Eso de tener un espía vigilando en primera línea y chivándole a Papá Noel cómo se estaban portando no les parecía precisamente una gran idea. Pero cuando se despertaron el primer día y descubrieron que había pintado caras en las mandarinas se partieron de risa y decidieron que si hacía travesuras muy malo no podía ser.




A partir de ahí descubrir lo que había hecho cada día se convirtió en la gran emoción. Hubo un par de días que lo utilicé para hacerles llegar algún mensaje para que se portaran mejor y otro que directamente el duende no apareció y en su lugar les dejé una nota en la que decía que le daba mucha pena pero que se estaban portando fatal (tuvieron unos días finos...), que se había vuelto al Polo Norte y que dependía de ellos que regresara o no. Funcionó y al día siguiente regresó.

En cuanto a las "travesuras" de cada día, me encantaría decir que soy supercreativa y que tengo unas ideas fabulosas pero lo cierto es que la inmensa mayoría son sacadas de internet y adaptadas a lo que tengo. Y desde luego no me complico mucho la vida. Hay padres totalmente entregados a la causa que se meten unas curradas alucinantes pero no es mi caso. Todo lo que hago es facilito; se trata de que yo también me lo pase bien organizándolo, no de sufrir por ello, y te prometo que el año pasado disfruté cada día, especialmente cuando les veía las caras cada vez que descubrían que El-Fito había hecho una de las suyas.




Se supone que el duendecillo no se puede tocar para que no pierda la magia (aunque ya he dicho que en realidad no hay reglas) pero si lo haces así tenlo en cuenta para colocarlo en sitios donde no estorbe demasiado porque va a tener que estar allí todo el día.


Aquí te dejo el listado de lo que hice el año pasado y el enlace a mi tablero de Pinterest donde tengo guardadas más ideas:

  • Caras pintadas con rotulador en las mandarinas
  • Dentro de la nevera envuelto en un paño a modo de manta porque tiene frío
  • En un columpio (hecho con un cordel y un cartón de papel higiénico) colgado de una estantería. Ese día les trajo de regalo dos adornos para colgar en el árbol.
  • Sentado en la mesa del comedor donde les había escrito con judías la frase "Portaos bien :)"


  • Sentado en el radiador pescando pececillos de galleta. La caña la hice con un palo de brocheta e hilo.
  • Con unas tijeras recortando el papel higiénico del baño
  • Coloreando un mandala
  • Tomándose un zumo dentro de la despensa


  • Sentado en el sofá del salón, leyendo un cuento a un montón de muñecos
  • Montado en uno de los coches de juguete en una caravana de coches por el salón
  • Cambiando la estrella del árbol de Navidad
  • Haciendo magia con dos huevos (que se convierten en huevos Kinder)


  • Sentado en un vaso como si fuera el wáter, comiendo unas Chips Ahoy y "cagando" pepitas de chocolate
  • En el baño con un cepillo de dientes en la mano y escrito en el espejo con pasta de dientes el mensaje "¡He vuelto!" (Esto fue después de que se volviera al Polo porque se estaban portando fatal.)
  • Colgado del ventilador de su cuarto.

La verdad es que vale cualquier idea, y si un día no tienes tiempo ni ganas de montar nada, basta con esconderlo en un lugar un poco original y listo. No hace falta complicarse la vida en absoluto.


Te dejo también la carta que les puse cuando llegó El-Fito por si te sirve de inspiración o por si directamente la quieres copiar. El diseño del papel está sacado de Canva; si en el buscador pones "carta a papá noel" te salen un montón de modelos.






Lo único que siento es no haber empezado antes para que hubieran podido disfrutar más tiempo de esta tradición porque Sofía ya va a cumplir 9 años así que no creo que le queden muchos más de creer en la magia... (Me muero de pena solo de escribir esto...)


¿Tú conocías esta tradición? Si tienes niños pequeños de verdad que te animo a probarla porque flipan y tú vas a alucinar con sus caras de sorpresa y viendo cómo se lo pasan cada día.


Si quieres preguntarme algo puedes hacerlo en los comentarios y estaré encantada de ayudarte en lo que pueda.






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4 comentarios:

  1. Jajajaajjajaaa....que paciencia Giny!!!! bravo!

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    1. De verdad que yo me lo paso bomba montando cada trastada. ¡Es muy divertido! ;D

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  2. Que buena idea!!!! Es brutal y que pena no haberla conocido antes!!!

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    1. A mí también me da pena no haber empezado antes, así que voy a aprovechar mientras dure! Un beso

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